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PRODUCTIVO Y COMPETITIVIDAD

“Quienes afirman que la industria nació al calor de los subsidios, demuestran un profundo desconocimiento de la historia económica de nuestro país”

El titular de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, defendió el origen y el potencial del sector fabril argentino y cuestionó las políticas que, a su criterio, terminaron afectando su capacidad de competir.

PorTendencia de noticias
17 ago, 2026 04:12 p. m. Actualizado: 18 ago, 2026 07:07 a. m. AR
“Quienes afirman que la industria nació al calor de los subsidios, demuestran un profundo desconocimiento de la historia económica de nuestro país”

Foto: Archivo.-

La industria argentina tiene una trayectoria de más de un siglo y, según sostuvo el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini (foto inferior) su desarrollo no puede explicarse por subsidios, protección estatal o beneficios impositivos. El dirigente reivindicó el papel del capital humano, la educación técnica, la capacidad emprendedora y la transformación de los recursos naturales como pilares de la construcción industrial del país, al tiempo que planteó la necesidad de generar condiciones que permitan recuperar competitividad y ampliar el valor agregado.


Rappallini cuestionó de manera directa la idea de que el entramado fabril argentino haya surgido al amparo de políticas de protección. “Hay quienes afirman con liviandad que la industria argentina nació al calor de los subsidios, de la protección o de beneficios impositivos. Es una idea que se quiere instalar y que, además de ser injusta, revela un profundo desconocimiento de la historia económica de nuestro país”, afirmó.


En contraposición, sostuvo que el desarrollo industrial respondió a una combinación de factores vinculados con las capacidades de la sociedad argentina. “La industria argentina nació como consecuencia natural del talento de nuestra gente, de la inmigración, de la educación técnica, del espíritu emprendedor y de una economía que encontraba en la transformación de los recursos naturales una manera de generar más riqueza”, señaló.


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El titular de la UIA repasó el proceso de expansión de la actividad manufacturera durante las primeras décadas del siglo pasado y destacó el crecimiento simultáneo de la producción agropecuaria y de distintas ramas industriales.


En ese período, indicó, comenzaron a desarrollarse actividades vinculadas con los frigoríficos, molinos harineros, talleres ferroviarios, metalurgia, alimentos, cuero, calzado y textiles, junto con numerosas pequeñas fábricas.


Rappallini también puso como ejemplo la llegada de compañías internacionales y la creación de grandes empresas nacionales. Entre ellas mencionó a Ford, que en 1913 eligió a la Argentina para instalar su tercera filial fuera de Estados Unidos, además de General Motors, Fiat, Peugeot y Mercedes-Benz, junto con empresas como Siam, Acindar, Techint, Alpargatas, Bunge & Born, Loma Negra, Bagley, Molinos, Celulosa Argentina, FATE, Quilmes, Ledesma, Grafa, Arcor y otras firmas que participaron de la expansión del entramado productivo.


Según su planteo, varias de esas compañías alcanzaron posiciones de liderazgo en Sudamérica y contribuyeron a conformar una estructura industrial con capacidades competitivas.


El capital humano como factor estratégico


En su análisis, Rappallini ubicó a la formación técnica y al conocimiento como componentes centrales del desarrollo industrial argentino. “Nuestras escuelas técnicas formaban profesionales reconocidos en toda América Latina. Nuestros ingenieros participaban en grandes proyectos regionales. Nuestros técnicos eran convocados para transmitir conocimientos en Brasil, México y otros países”, sostuvo.


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También remarcó que el conocimiento desarrollado en el país alcanzó distintos sectores productivos. “En numerosos sectores industriales, desde la maquinaria agrícola hasta la cerámica, la siderurgia, la metalurgia y la industria automotriz, el conocimiento argentino era una referencia”, afirmó.


El dirigente industrial comparó, además, la evolución de la Argentina con la de otros países de la región. De acuerdo con los datos que presentó, durante los últimos 40 años el valor agregado industrial per cápita argentino creció 110%, mientras que Brasil y México registraron incrementos cercanos al 700%.


Para Rappallini, la diferencia estuvo vinculada con las políticas productivas implementadas durante décadas en esos países, que generaron condiciones para favorecer inversiones, exportaciones, financiamiento y crecimiento de escala.


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En ese marco, el titular de la UIA cuestionó las condiciones que se fueron acumulando en la economía argentina y que, según su diagnóstico, terminaron afectando el desempeño del sector productivo.


“La Argentina creó un sistema que fue aumentando la presión tributaria hasta niveles récord, multiplicó regulaciones, encareció el empleo formal, redujo el crédito productivo, castigó las exportaciones con retenciones y convivió durante años con inflación, inestabilidad macroeconómica y cambios permanentes de reglas de juego”, describió.


Rappallini planteó así una paradoja respecto de las políticas destinadas a proteger a la industria. “Muchas de las políticas que pretendían proteger a la industria terminaron debilitando su competitividad. Los subsidios cruzados y las distorsiones, lejos de fortalecer al sector productivo, escondieron los problemas estructurales mientras la capacidad de competir con el mundo se deterioraba lentamente”, afirmó.


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Para el dirigente, la capacidad industrial constituye uno de los principales activos estratégicos del país y se encuentra presente tanto en grandes compañías como en pequeñas y medianas empresas.


“Nuestro ADN industrial existe desde hace más de un siglo. Está presente en miles de pymes familiares que atravesaron generaciones, en los técnicos que siguen resolviendo problemas complejos todos los días, en los ingenieros que diseñan productos de clase mundial, en las empresas que exportan desde cientos de localidades del interior y en la enorme capacidad de transformar materias primas en bienes con valor agregado, conocimiento y empleo”, expresó.


En esa línea, sostuvo que la disponibilidad de recursos naturales no alcanza por sí sola para garantizar el desarrollo económico. “Los recursos naturales por sí solos no generan desarrollo. El verdadero valor aparece cuando una sociedad tiene el conocimiento para transformarlos, procesarlos, diseñarlos, transportarlos, venderlos y competir globalmente. Allí reside la diferencia entre un país que simplemente extrae recursos y otro que crea valor”, señaló.


Las condiciones que reclama el sector industrial


Rappallini consideró que el objetivo debe ser fortalecer las capacidades productivas existentes y enumeró una serie de condiciones que, según su visión, resultan necesarias para avanzar en esa dirección.


“El desafío argentino es potenciar una industria que ya existe, que tiene capacidades, conocimiento y una enorme diversidad productiva”, sostuvo.


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Entre los aspectos que mencionó figuran la estabilidad macroeconómica, la reducción de la presión impositiva, la modernización laboral, el financiamiento productivo, las inversiones en energía e infraestructura, la educación técnica, la innovación, la ciencia aplicada y la previsibilidad de las reglas de juego.


Finalmente, el presidente de la UIA reivindicó el carácter industrial de la economía argentina y planteó que el debate pasa por remover los obstáculos que, según su diagnóstico, limitaron su desarrollo.


“La Argentina tiene una vocación industrial. La discusión es si vamos a seguir frenando ese enorme potencial con un sistema lleno de distorsiones o si finalmente vamos a darle la libertad para desplegar toda su capacidad creadora”, concluyó.


Y sintetizó su posición con una definición que apunta a vincular la trayectoria histórica del sector con sus perspectivas futuras: “Porque el ADN industrial argentino es parte de nuestra historia, de nuestra identidad y, principalmente, de nuestro futuro como país”.

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